A punto del irse el Sol.

Lázaro, levantate y anda.

Ponte el apellido, vuelve del olvido, engánchate a la oferta y la demanda

Eh, flaco, esto es un atraco. Págale a la vida más de lo que pida.

Eh, viejo, jugate el pellejo. Aquí te esperan las ojeras del mar, el recibo del gas, la gorda de la esquina, y el Clarín y el Prozac, y crecer y subir y bajar, y el otoño, el café, la rutina, y Tom Waits y Edith Piaf.

Y volver a volver a empezar, a volver a empezar, a volver a empezar.

Eh, loco, contrólate un poco. Mira que las musas no aceptan excusas.

Eh, pibe, despiértate y vive.

Eh, socio, que esto es un negocio. Échame una mano, siéntate al piano. Aquí te esperan las tijeras del sol, el asfalto, el smog, y el perfume mas caro, y el jazmín y el caviar y el reloj, y el granizo, la ley, los disparos, y el azul y el carbón.

Y el amor después del amor, después del amor, después del amor.

Eh, Lázaro, levántate y anda.

1 comentario:

Pablo dijo...

El profesor Jirafales entra y doña Florinda deja de hacer lo que sea que esté haciendo y camina a él como si estuviera hipnotizada suspirando:

—¡Profesor Jirafales...!
—Doña Florinda...!
—¡Qué milagro que viene por acá...!
—Vine a traerle este humilde obsequio. Le entrega un ramo de rosas, aunque a veces confunde el ramo con otro objeto.
—¡Ay, gracias! —responde doña Florinda—. Pero, ¿no gusta pasar a tomar una tacita de café?
—¿No será mucha molestia?
—¡Ay de ninguna manera! Pase usted.
—Después de usted.